viernes, febrero 02, 2007

No, no era tan humano. Nunca había experimentado sensación ni sentimiento humano alguno.
Y esos ojos que sólo habían aprendido a mirar con odio se llenaron de lágrimas.
Observó el cielo desde la torre y se dejó caer sobre su lecho. Escondió el rostro entre las manos y las dejó caer súbitamente. No era necesario decir que se sentía miserable, que le preocupaba el no poder controlarse a sí mismo.
Pasa que me estoy convirtiendo en un monstruo. Un monstruo que quiere estar bien con todos pero que hace todo lo contrario a lo debería hacer para lograrlo. Y para sanar su mente. Pasa que no sé si quiero sacar a la bestia de mí, esa bestia que a veces considero un aliado.
Llego a decir cosas que no tienen fundamento con total convencimiento, como si fuesen verdades, sólo por ira. Si estuviese escribiendo un libro el personaje sentiría miedo de sí mismo. Pero yo no siento nada.
No hace falta escribir más.